viernes, 10 de febrero de 2012

EL COCOTAZO: MUCHOS PRESOS, POCAS VENTAJAS

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

El refranero mexicano establece sabiamente que a la cárcel sólo van los pobres y los pendejos; los verdaderos delincuentes de todo tipo de cuellos gozan de la libertad permanente, ya sea por inteligentes o por pagar ese privilegio generosamente.

Usando una simple aritmética, el deterioro integral de México en los últimos dieciocho años se refleja en el incremento brutal de la población carcelaria nacional, amen de la corrupción inherente a la manera de operar de la (in) justicia local.

Es terrible que en nuestra seudo democracia, el ciudadano parta de la culpabilidad y no de la inocencia para encarar a los tribunales que, desde una óptica cómoda, condenan a priori a quien no les unte las manos.

Como advirtieron diputados y senadores integrantes de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, la población carcelaria en México se triplicó prácticamente en los últimos tres sexenios, al pasar de 86 mil internos en 1994 a 231 mil 510 en 2011, sin que la inseguridad ni la delincuencia hayan disminuido.

De acuerdo con el estadístico de índices de criminalidad disponible en el portal electrónico del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el número total de delitos denunciados en 1997 fue de un millón 564 mil en cifras redondas y se redujo paulatinamente hasta un millón 448 mil en 2000, pero al año siguiente se registró un repunte, para llegar a un millón 512 mil.

Entre 2002 y 2005, la cifra osciló entre un millón 513 mil y un millón 505 mil, pero en 2006 alcanzó un millón 580 mil, y en 2007 se disparó hasta un millón 724 mil delitos.

Para 2008 fueron un millón 763 mil; en 2009, un millón 797 mil; en 2010, un millón 838 mil; y entre enero y noviembre de 2011, un millón 681 mil.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública precisó que alrededor de 93 por ciento de los delitos corresponden al fuero común y por orden decreciente de incidencia destacan los actos de robo, lesiones, daño en propiedad ajena, fraude y homicidio, abuso de confianza, violación y secuestro.

Los delitos del fuero federal representan a su vez cerca de 7 por ciento del volumen total y por su incidencia sobresalen los delitos contra la salud (narcotráfico), portación de armas de fuego, conductas ilícitas en materia patrimonial y fiscal, así como violaciones a la Ley General de Población y ataques a las vías generales de comunicación.

La mayoría de los penales registra una saturación de reos no sentenciados, muchos de ellos por delitos federales, cuya manutención promedio es de 100 pesos por día.

En México están presas 82 mil personas no sentenciadas y con la garantía de presunción de inocencia, pero que sufren la privación de su libertad.

El hacinamiento y las condiciones límite de la vida dentro de las cárceles mexicanas, sumadas a las prerrogativas de dominio y control de cada penal facilita las recurrentes riñas y muertes como en Ciudad Juárez, Chihuahua; Baja California y Altamira, Reynosa y Nuevo Laredo, Tamaulipas, entre otros.

El problema carece de una solución importante en tanto no se reforma el sistema judicial mexicano. El papel de las fuerzas de seguridad pública, los ministerios públicos, los jueces y los magistrados tiene que depurarse en virtud de no acarrear la desgracia a tantos hombres y mujeres que, por la improvisación de la autoridad, no deberían estar confinados.

Prueba de esta ineficiencia “sistémica” es que a pesar de la saturación de las cárceles, la criminalidad no disminuye y el gasto federal en seguridad tampoco arroja datos duros para el ciudadano de a pie.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública reportó un promedio de 5 mil 33 delitos denunciados cada día entre enero y noviembre de 2011, lo que según sus cifras representan una reducción de 0.9 por ciento respecto al mismo periodo de 2010.

Habría que rastrear cuál fue el costo real de esa patética contracción.

Entre los delitos del fuero común, la base de datos del referido sistema registra para 2011 una caída hasta de 8 por ciento en la incidencia de delitos como lesiones y daño en propiedad ajena, pero también un incremento de 2 por ciento en la comisión de robos y de 5.9 por ciento en homicidios.

Abreviando, las cárceles en la actualidad no sirven de mucho para la readaptación social, en cambio, son estancias que facilitan ganancias a quienes explotan el sufrimiento ajeno y reducen la humanidad a carne de presidio.

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