jueves, 10 de noviembre de 2011

EDITORIAL: ASESINADO, CINCO; SECUESTRADO, TRES

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Las voces se multiplican y la coincidencia en estar en un punto de quiebre nacional se va extendiendo.

El Instituto Mexicano para la Competitividad fue concluyente, en el país se quintuplicó la posibilidad de ser asesinado y se triplicó el riesgo de ser secuestrado de 2007 a 2010.

“México tiene un problema serio que no es el narcotráfico, ni la delincuencia organizada, ni la debilidad institucional. Es el hecho incontrovertible de que cada vez más gente se siente más insegura en cada vez más zonas del país”, indicó.

Políticamente correcto, el IMCO no señala directamente a la administración de Felipe Calderón como factor desencadenante de este drama. Ni falta hace, es vox populi.

Los datos contenidos en “La espiral infinita: cómo México se volvió un país violento y cómo puede dejar de serlo” publicado por Índice de Competitividad Internacional 2011, pinta una realidad destrozada.

El estudio resaltó que hay muy pocos precedentes de un país que, en ausencia de una guerra, haya experimentado una expansión tan acelerada y de diversas formas de delitos violentos en tan poco tiempo.

El IMCO destacó que para 2010, la trayectoria de homicidios se quintuplicó en comparación con los reportados en 2007.

“El incremento del número de homicidios entre 2007 y 2010 ha sido mayor al experimentado por Colombia en los primeros años de la guerra contra Pablo Escobar”, detalló el instituto.

En el informe se aclaró que la Presidencia de la República llama “fallecimientos por rivalidad delincuencial” a los homicidios vinculados a la delincuencia organizada.

“Ese tipo de asesinatos pasó de 2 mil 806 en 2007 a 15 mil 273 en 2010, un incremento acumulado de 440%. Ello explica 80% del alza en el número de víctimas de homicidio”.

Ahora bien, sostuvo, el fenómeno de violencia no registra la misma virulencia en todo el país, ya que hay un periodo de concentración regional.

Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Baja California, Durango y Tamaulipas representan más de dos terceras partes de los fallecimientos por rivalidad delincuencial.

Veinte municipios concentran casi la mitad de las víctimas y el municipio de Ciudad Juárez, por sí solo, ha sido escenario de casi una quinta parte de todos los homicidios de este tipo, sostuvo el IMCO.

El reporte elaborado por Alejandro Hope, director del proyecto conjunto “Menos crimen, menos castigo del IMCO y México Evalúa”, añadió que el número de secuestros denunciados pasó de 438 en 2007 a mil 262 en 2010, un alza de 188%.

Agregó que las denuncias por extorsión se han incrementado y el robo de autos creció 40% en el periodo, en donde una gran parte ha sido consecuencia de robo con violencia.

El reporte resaltó que cinco medidas aplicadas en el gobierno del presidente Felipe Calderón pudieron elevar los niveles de violencia en el país, entre ellos el despliegue masivo de fuerzas federales y la “decapitación” de organizaciones criminales.

Así como el incremento en el número de agencias involucradas en el combate al narcotráfico, la interdicción marítima y aérea más intensa y el incremento en el número de extradiciones a Estados Unidos.

“La mayor agresividad del gobierno en la persecución de los cárteles pudo haber sido el catalizador de un aumento extraordinario del número de homicidios en el segundo trimestre de 2008. A partir de ese punto, es probable que la violencia se haya alimentado a sí misma”, indicó.

Desgraciadamente todavía quedan meses, apuntamos nosotros, para que el desastre calderonista siga incendiando espacios. La justificación no será que “no todo el país” esté en llamas, sino sería que en NINGUNA parte de México suceden estas cosas.

Una opción concreta para detener la catástrofe es, precisamente, rescatar a quienes más la padecen, es decir, a los ciudadanos comunes, corrientes y, desde la óptica del poder establecido, prescindible. La ciudadanía necesita despertar de su letargo, organizarse y manifestar, en este caso por la vía del voto, el rechazo al dictado genocida de la casta reinante y los émulos que pretenden continuar en la silla.

Aquí, la indignación no es contra el mundo, es contra un asesino embrutecido de inferioridad oculta en un manto de legalidad conspiradora.

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