miércoles, 30 de noviembre de 2011

ASUNTOS EXTRANJEROS: EL DESGASTE EUROPEO

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

La unidad europea se tambalea. España, Portugal, Italia y Grecia comprueban al resto del continente que pueden ser uno, pero no lo mismo.

La fractura del frente continental fue ocasionada precisamente por la prioridad permanente de cualquier organismo internacional: la salud financiera.

Alemania y Francia, aunque Inglaterra esté y no, reducen el gesto político a esgrimir la mano dura de los unitarios y exigirle a los hermanos incómodos que no la silben, si es cantada.

Los relevos gubernamentales en la tríada de la debilidad muestra que los partidos políticos luchan por el poder y cuando lo alcanzan no saben cómo salir de él.

Socialistas, populares, demócratas o bajo la etiqueta que les guste, la crisis financiera europea está reclamando menos formas y mayores contenidos. La permanencia de la Unión es básica: o están los que pueden o se la carga la tía de las muchachas.

No es gratuito que España, Portugal, Italia y Grecia estén en la mira, precisamente, a causa del dispendio, la irresponsabilidad y el protagonismo carpero de los dirigentes nacionales. No bastó pertenecer a un club selecto, era obligado satisfacer en concreto los requisitos de entrada, y ahí, el desbarajuste no tuvo remedio.

La globalización y la integración económica no funcionan sin un protocolo productivo y monetario eficaz. No es que los acusados sean flojos, simplemente, no los alcanza para más. Así se pongan de cabeza y ofrenden la sangre a los dioses, los países “pobres” seguirán siéndolo. A menos que, claro está, las potencias regionales regalen la riqueza para mantenerlos en el juego.

El euro dejó ver que puede funcionar apalancado con los ejes de siempre y, por ende, que no requiere un rescate total de los agremiados, sólo que no se endeuden más y que cubran los pagos de los créditos.

Desgraciadamente, en un futuro mediato, estas naciones atrasadas obstaculizan los planes de hegemonía esperada antes del crack de 2008.

Es urgente que la Unión Europea prescinda de la idea de “comunidad” y sea práctica, incluso, ideando un espectro continental que, aunque reducido geográficamente, sea autosuficiente en todos los sectores. El capital es un ejercicio de supervivencia y no de beneficencia general.

Los nuevos gobiernos aparecen como respuestas inmediatas a la catástrofe, tristemente, no podrán llegar muy lejos.

Y ese panorama no es mejor para los Estados Unidos, cuyos afanes democráticos metieron al orbe en guerra, a desmantelar tiranías títeres y que al retorno de la “justicia libertaria”, los brazos armados locales se niegan a regresar privilegios. Egipto es un ejemplo promedio de lo que se avecina en el resto de países “liberados”.

Atrás quedaron los alardes humanitarios de Europa y los Estados Unidos, honestamente, tendrán que elegir entre la supremacía de sus intereses descarnados o el bloqueo de su competitividad mundial.

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