domingo, 28 de agosto de 2011

DIVERSIDAD SEXUAL: EL PUNTO G RUSO

POR.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Para INRI de la ortodoxia religiosa y política de Rusia, en el centro de Moscú se abrió el primer museo erótico del país. Sus organizadores apuestan por la provocación en una sociedad considerada aún mojigata y plagada de temas tabú, como la homosexualidad.

El Tochka G o Punto G muestra lo que otros museos occidentales llevan tiempo exhibiendo: penes enormes, dibujos eróticos de actos sexuales o esculturas de corpulentos animales y personas.

Ubicado en la milla turística de Arbat, el Punto G promete ser un espacio de libertad cultural donde se muestre que el cuerpo, la sexualidad y el deseo también son cultura.

El director del museo, Alexander Donskoi, de 41 años y padre de familia, reconoció lisa y llanamente que se trata de una provocación sexual. El objetivo no es “desempolvar” la moral sexual, tan reprimida en tiempos soviéticos. “Queremos desatar emociones, aunque los visitantes salgan corriendo asqueados”.

El hombre de negocios reconoció su preocupación por “el estado espiritual ruso”. Se enerva al hablar de la doble moral de la todavía fuerte Iglesia ortodoxa rusa, que consiste en predicar con agua y beber vodka.

En la ciudad de Arjangelsk, en el norte de Rusia, donde Donskoi se enriqueció como comerciante, las autoridades urbanas prohibieron lo que consideran “propaganda homosexual”, pese a que la homosexualidad está permitida desde hace años, al menos en el papel.

El museo muestra imágenes de sexo entre hombres y esculturas fálicas de muchas épocas y países. En su sexshop se ofrecen vibradores, trajes de goma o látigos. “La resonancia en la primera semana está siendo enorme. Sobre todo vienen jóvenes que posan con nuestras esculturas de penes de dos metros”, cuenta. La entrada cuesta 500 rublos (unos 12 euros).

En Rusia hay sexshops y programas eróticos en la televisión, pero Donskoi espera ahora que la palabra “museo” atraiga a más personas.

Hasta el cierre del museo, a media noche, no dejan de llegar visitantes. Parejas jóvenes se sientan en una mesa rodeados de excentricidades, como un ajedrez de miniaturas eróticas en marfil de mamut o una colección de medallas de poses eróticas de la prostituta vienesa de ficción Josefine Mutzenbacher, famosa por la narración de sus aventuras eróticas a comienzos de siglo pasado.

Donskoi compró los objetos por Internet y algunos lmuseos eróticos occidentales ayudaron a dar el paso al de Rusia.

El empresario metido a difusor sabe que puede tener algún problema con la política, porque en el museo también cuelga una imagen satírica del jefe de gobierno Vladimir Putin. El ex jefe del Kremlin aparece como guerrero desnudo con dos penes erectos en pose combativa. Junto a él, el presidente Obama, con uno solo, pero con pechos.

Los políticos conservadores rechazan a Donskoi desde hace tiempo, por abogar por la libertad sexual y contra la doble moral. Una vez causó furor cuando se lo llevó la policía en calzoncillos y sus imágenes dieron la vuelta al mundo. Y en esa ocasión, el sexo no tuvo nada que ver.

Donskoi tuvo varios enfrentamientos con el poder estatal, porque tras su elección como alcalde de Arjangelsk, en 2005, manifestó su intención de ser presidente. Hasta entonces había sido crítico del gobierno con intenciones de combatir la corrupción y el nepotismo.

Donskoi fue puesto en prisión preventiva y condenado, alegando entonces que había falsificado su diploma y que había utilizado dinero público en su protección personal. Así terminó abruptamente su carrera política.

El museo erótico constituye para él una válvula para expresar su indignación contra los poderosos del país.

Después de todo, la revolución comienza en la cama.

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