miércoles, 24 de febrero de 2010

EL COCOTAZO: SAN PEDRO ATOCPAN

En diferentes entregas periodísticas, los DODOS hemos señalado el cansancio y el susto que el pueblo de México trae contra autoridades y políticos, sin embargo, los aludidos persisten en la creencia que nada sucede y que son intocables simplemente por los intereses minoritarios que los pusieron en el poder.

El 23 de noviembre de 2004, en el poblado de San Juan Ixtayopan, Tláhuac, fueron linchados y quemados dos efectivos de la Policía Federal Preventiva, mientras que otro salvó milagrosamente la vida.

Los móviles de la tragedia nunca quedaron claros y los implicados tampoco hicieron mucho para explicar la conducta de la turba enardecida. La televisión que transmitió interrumpidamente los asesinatos ( sin que tratara de intervenir) mostró la impotencia y el proceso de decisiones cobardes que concluyeron en el sacrificio de los hombres.

El 22 de febrero de 2010, en San Pedro Atocpan, Delegación Milpa Alta, cinco policías federales pasaron las de Caín, al irse por la libre sin llevar documento legal alguno y no identificarse jamás, al tratar de detener a Luz María Flores Becerril y a Isaac Olivo Torres como presuntos dueños de una casa de seguridad para actividades delictivas.

Con los buenos modales y la prepotencia característica, los federales al llevarse a los detenidos propiciaron la reacción de los vecinos del Barrio de Ocotitla, quienes los confundieron con secuestradores y reduciendo a tres, reteniéndoles por más de tres horas y amenazando con el linchamiento popular.

Al llamado de las campanas de la iglesia, unos mil habitantes del poblado acudieron a la defensa de los detenidos y comenzó un proceso de negociación que no impidió lesiones a policías capitalinos (algunos heridos de gravedad) y a un número no cuantificado de policías federales.

En esta ocasión los policías federales fueron liberados y, aunque las negociaciones fueron tortuosas, la desinformación no alcanzó la confusión propia de estos eventos. El grueso de los capitalinos se enteró por los noticieros nocturnos y los despachos en Internet.

Como era de esperarse, el gobierno capitalino dio paso a denuncias de intento de linchamiento, privación ilegal de la libertad y lo que se desprenda sobre los líderes de los pobladores implicados en el levantamiento.

Al igual que otras poblaciones al interior del país, la ciudadanía, ante la impunidad y la irresponsabilidad de las leyes, ha decidido defenderse de cualquier amenaza provenga de donde fuere.

San Pedro Actopan no es “incidente” aislado sino un eslabón de una cadena creciente de furia ciudadana dirigida a al poder institucional y a la delincuencia que solapa. La gente está harta de la arbitrariedad y se une para rechazar posibles enemigos, sin importar las consecuencias del acto de masas.

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