martes, 29 de septiembre de 2009

A TÍTULO PERSONAL: HONDURAS: ENTRE LA MANIPULACIÓN Y EL DERECHO

Por.- RAÚL GÓMEZ MIGUEL

Los DODOS anticipamos el escenario y ocurrió lo previsto. Honduras está al borde de una guerra civil propiciada por Manuel Zelaya, quien a nombre de la Democracia, faltaba más, y desde la sede diplomática de Brasil en Tegucigalpa arenga a la rebelión e invita a los ciudadanos a luchar en una ofensiva final para derrumbar el gobierno golpista de Roberto Micheletti y regresar al poder.

Por su parte, dentro del Derecho Internacional vigente, Honduras ha pedido claridad a Brasil para proteger a Zelaya en su embajada y permitirle la agitación de la gente, cubierto por la inmunidad diplomática del inmueble, dando un plazo de diez días para aclarar el status jurídico del expresidente depuesto y proceder en consecuencia.

Lula da Silva, presidente de Brasil, desde la isla Venezolana, Margarita, coto del enloquecido Hugo Chávez, manifestó su oposición al ultimátum de Honduras y estableció la protección de Zelaya hasta saber el pronunciamiento de la Organización de Estados Americanos y la Organización de las Naciones Unidas al respecto, sin embargo, tibiamente propuso hablar con Zelaya del uso incorrecto de la embajada para azuzar a la revuelta.

Ante la negativa de Brasil a entrar en el respeto del Derecho Internacional y participar en un acto intervensionista, Honduras decidió suspender las garantías constitucionales e individuales para no facilitar la ampliación de la maniobra de Zelaya durante 45 días, además de negar el ingreso de miembros de una comisión de inspectores de la OEA y del embajador de México.

Entre las garantías suspendidas están: la censura de los medios de comunicación simpatizantes con la causa de Zelaya, la libertad de asociación y la de tránsito.

La respuesta de Brasil no es extraña y sí bastante congruente en el contexto de una cercanía peligrosa con Venezuela y la exportación de esa mutación demagógica patriotera de la “revolución bolivariana” del dictadorzuelo Hugo Chávez.

Zelaya está comprometido a la guerra civil sin importarle un rábano el costo de sangre y, lejos, de operar como otros tantos casos en la Historia, decidió (con el respaldo de Lula da Silva y Chávez) atrincherarse en una sede diplomática y facilitar el incidente del no retorno.

Con la torpeza habitual de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Poder Ejecutivo, México ingresa al conflicto mediante instrucciones de presentar a un embajador en una nación donde priva el caos y se estrecha la aplicación de la normatividad. Nuestro embajador simplemente no debió de acudir a Honduras en tanto no haya claridad en el rumbo del viento. Quizás antes de ver en el ojo ajeno, debería de resolver los problemas internos verdaderamente importantes y no meterse en donde, a pulso, le cerrarán la puerta.

América no debe de comprar broncas ajenas. El juego de Zelaya es claro: regresar a la Presidencia aun reducidas a piedras. La terquedad asesina del político es coincidente con los planes expansionistas de Chávez y compañía para conformar una porción del continente en Repúblicas necias a la movilidad de la Historia y dispuestas a descansar en las masas embrutecidas con discursos de nacionalismo y lealtad patriótica, sumergidas en pobreza y abandono y adictas al líder, al Mesías de contentillo.

Considerando la atención de los Estados Unidos al problema de Honduras y el acomodo de las naciones participantes en la controversia internacional, se puede adelantar una complicación violenta de la crisis y el distanciamiento seguro de países lejanos a la zona con la obvia preocupación de las naciones vecinas en caso de una extensión del conflicto.

Es una pena, de verdad, atestiguar el retroceso a los días de las bananas y los machos condecorados, títeres del extranjero, y responsables del atraso estructural que permiten hoy esta vergüenza de egos y democracias traicionadas.

Honduras va a arder con el soplo de fuera.

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